¿Quieres vivir una experiencia totalmente nueva, mucho más peligrosa que si te lanzases con paracaídas desde un avión en llamas? Aquí la tienes: conviértete en el fotógrafo oficial de una boda, pero no de cualquier boda, claro. Por poner un ejemplo: la de un amigo o un hermano. ¿Que dónde está el riesgo? Imagínate a ti mismo (con conocimientos mínimos sobre el flash, el obturador y el diafragma de una cámara) delante de más de cien invitados y dos novios a punto de celebrar el mejor día de sus vidas. La escena infunde respeto. Por cierto, ¿alguien sabe qué es eso del obturador?
La prima de la hermana del sobrino de un tío lejano de mi padre (está bien, tú y yo ya sabemos que se trata de mí) fue fotógrafa oficial por un día, y pasó tantos nervios -o más- que los novios antes de entrar en la iglesia. Así que si te ha tocado -o lo has elegido tú por tu propia voluntad- sacar las fotos de una boda de manera profesional, creo que estos consejos pueden servirte de ayuda.
El primer impulso es buscar información en internet. En los foros se encuentran comentarios positivos y negativos. Las frases del tipo: “es una gran responsabilidad”, “nunca te van a quedar como a un experto” o “deja hacer el trabajo a los que de verdad saben”, pueden echarte para atrás. Por eso tienes que valorar los riesgos antes de aceptar el reto. Lo bueno de consultar páginas web es que descubres que hay gran cantidad de personas en tu misma situación y que, por lo general, sus experiencias son buenas.
Lo primero que se aconseja es escribir una lista con las fotos que no deben faltar en un álbum: la llegada de los novios a la iglesia, el arroz a la salida, con los padrinos… Puedes tomar apuntes viendo el trabajo de otros (no te preocupes, internet vuelve a ser la solución). La última moda es sacarse fotos originales, por ejemplo: en una montaña rusa, encima de una moto o en una pista de tenis. No obstante, si no quieres tener dudas, lo mejor es preguntar a los novios cuál es su estilo.

Más recomendaciones que pueden servirte de ayuda: lleva dos cámaras (por si una se te estropea), con varias tarjetas de memoria y baterías recargadas. También es aconsejable visitar el lugar unos días antes para conocerlo a fondo, y moverse mucho durante la ceremonia, pero sin molestar. Quita la tapa de la cámara y apaga el sonido (parece una tontería, pero por tu bien, hazlo). Prevé lo inesperado, como la lluvia. No borres ninguna foto, porque después se pueden retocar con el ordenador. Y sobre todo, sé valiente, que si no te quedarás sin el “momento estrella”.
Hay fotógrafos que no ven bien que gente no cualificada haga su trabajo, pero eso depende de cada persona. También se dan casos de novios que terminan prefiriendo las fotos tomadas por sus familiares que las realizadas por los profesionales que ellos mismos contratan. Además, no todas las parejas pueden gastarse el dinero en un reportaje en condiciones (entre 500 y 1.500 euros); incluso hay muchas que prefieren reservar esa cantidad para pagar otros gastos. Por tanto, si algún conocido tuyo te ha pedido que seas el fotógrafo oficial de su boda, no te desesperes; ellos son los primeros que saben que no te quedará como a un profesional. Y si lo consigues, mejor para tu salud y tu autoestima.
En definitiva, puede salir mal, pero también puede salir bien. Lo bueno que tienen las bodas es que hay muchos invitados que llevan su propia cámara; así que no dudes en pedirles copias a ellos también, porque seguro que en sus fotos aparecen detalles en los que no habías pensado. Y, ante todo, ten presente que si los novios te han pedido el favor, es porque no buscan un experto. Eso puede ayudarte a tomártelo con más calma.
Por cierto, el obturador es un dispositivo que controla el tiempo durante el que la película está expuesta a la luz. Aprender a manejarlo es otro reto.
(Publicado en Vivir Valdemoro)
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