lunes, 12 de enero de 2009

Un vecino interesante

Las Asociación de Investigación Histórica Las Fuentes de la Villa se reunió el pasado 19 de diciembre en el Centro Ramón Areces para compartir con los valdemoreños un pedazo de la Historia de la localidad. Bernardo José García García, profesor titular de la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Historia moderna, impartió una conferencia sobre el duque de Lerma y su relación con Valdemoro. El ponente repasó algunos aspectos de la vida de este personaje y aportó recientes averiguaciones.

La biografía de Francisco de Sandoval y Rojas, más conocido como duque de Lerma, ha llegado hasta nuestros días “incompleta” y “demasiado sesgada”, en palabras de Bernardo J. García. Sin embargo, en la década de los noventa han surgido distintos estudios acerca del valido de Felipe III que han aportado nuevos rasgos sobre este político que vivió a caballo entre los siglos XVI y XVII.

Pero ¿a qué se dedicaba un valido? Se trataba de una figura muy próxima al rey. Era su apoyo diario en la gestión del reino, por tanto, un protector de gran influencia. También llamado “privado” o “favorito”, era un primer ministro que coordinaba la política general. El conferenciante matizó la definición: “No es que su firma tenga el mismo poder que la del rey, sino que comunica su voluntad, aunque en algunos momentos parece una figura mimética”.

Del primer duque de Lerma se sabe que nació en Tordesillas en 1553 y que murió en 1625 en Valladolid, que estuvo casado con Catalina de la Cerda y que se salvó de la muerte por convertirse en cardenal. Lo estudiamos en algún momento de nuestras vidas en la asignatura de Historia, pero ¿sabías que le gustaba aparentar menos edad de la que tenía? Bernardo J. García reveló algunos aspectos de su vida que nunca vimos en clase o que, al menos, no se nos ocurrió preguntar. Como, por ejemplo, que el duque era bastante coqueto, pues le gustaba teñirse la barba y llevaba el pelo corto a la moda de la época.

A Francisco de Sandoval y Rojas también le encantaba la arquitectura y se gastó centenares de miles de ducados en construir. Dejó su huella perdurable en muchas localidades españolas (Valdemoro es un ejemplo de ello) y transformó muchas de las áreas públicas de la Corte, donde trataba de crear espacios de privacidad para el rey, que necesitaba un respiro dada su apretada agenda.

¿Cuáles eran las aficiones del duque y los demás nobles? En primer lugar, a la gente acomodada le gustaba visitar los conventos de clausura. “Llegó a haber una demanda excesiva de bulas especiales para que la familia del rey y los cortesanos pudieran alojarse allí en busca de tranquilidad e intimidad”, explicó García. “Existía una verdadera pasión por la devoción más austera”, sobre todo, “se produjo un boom de las Clarisas y todas las demás órdenes Descalzas”.

Pero a los reyes también les gustaba la fiesta, el baile y los toros. Mandaban construir plazas de gran tamaño sólo para el ocio. Uno de sus pasatiempos favoritos era el juego de cañas, donde competían con sus mejores caballos para lanzárselas unos a otros. Por la noche en el sarao se otorgaban los premios: al “mejor vestido”, al del “mejor caballo”, al “equipo ganador”, al “más elegante en el paseo”…

Pero dejemos un poco las fiestas y volvamos a Valdemoro cuando era una villa de tan sólo 600 habitantes. En 1602, el duque de Lerma se la compró al marqués de Auñón por un total de 120.000 ducados. Y es que se trataba de una zona clave, pues era un paso obligado para ir a Aranjuez, lugar de residencia estable de la Familia Real. Sobre tierras valdemoreñas, que hoy cuentan con 53.188 habitantes (datos de 2007 del Instituto Nacional de Estadística), el valido ordenó construir un pequeño palacete, una plaza bastante amplia para sus fiestas, amplió la Iglesia y fundó la Orden de las Clarisas.

De aquellas monjas del siglo XVII se conserva una lista con sus nombres y apellidos junto a los ofrecimientos de penitencia que hicieron para su patrón, el duque de Lerma. Se trataba de oraciones, esfuerzos y mortificaciones que las religiosas realizaban voluntariamente para que el privado gozase de buena salud. Desde la “Clarisa friolera que propone que va a pasar todo el frío que pueda” hasta “la monja que se compromete a limpiar la cocina y la que va a buscar una cama incómoda para dormir”, pasando por la que “va a hacer grandes caminatas dentro del convento”, describió el ponente.

La conferencia de Bernardo José García García nos transmitió una imagen llena de matices del duque de Lerma, un personaje poco conocido para muchos de nosotros pero de gran relevancia para su época. Y así fue cómo los valdemoreños pudieron rescatarlo de la Historia durante una tarde del recién despedido 2008.