jueves 22 de septiembre de 2011

Colorea tu mundo de amarillo

Septiembre es el mes que simboliza la vuelta al trabajo y la rutina. Regresa también el mal tiempo y hay que despedirse de las vacaciones (para los que tienen ese privilegio). Con tantos cambios nos podemos sentir un poco alicaídos y predispuestos a pensar en negativo, pero ¿qué pasaría si cambiásemos el chip y nos fijásemos en aquellas cosas que nos pasan desapercibidas porque vamos corriendo a todas partes?

El mundo amarillo (Debolsillo, 2008) no es un libro de autoayuda pero transmite una energía especial capaz de provocar ese “click”. Su creador es el polifacético Albert Espinosa: guionista, actor, cineasta e ingeniero industrial químico. Su último libro, Si tú me dices ven lo dejo todo… pero dime ven (Plaza & Janés, 2011), ha sido uno de los más vendidos en España este verano. Conocido por escribir los guiones de las películas Planta Cuarta y Tu vida en 65’, se lanzó a la dirección con el filme No me pidas que te besé porque te besaré.

Entre dos tapas amarillas poderosamente atractivas, el autor recoge una lista de 23 descubrimientos que aprendió durante la época que vivió en el hospital, donde ingresó por primera vez con catorce años. “El cáncer me quitó cosas materiales: una pierna, un pulmón, un trozo de hígado, pero me dio a conocer muchas otras cosas que no hubiera averiguado solo”, explica en sus páginas. Después de diez años de lucha pudo curarse.

Sus descubrimientos surgieron a partir de diversas frases que escuchó en aquella época y que le marcaron de una manera muy intensa. “Hazle una fiesta de despedida a la pierna”, “No soples tan solo en los cumpleaños” o “Cierra los ojos” son algunas de estas lecciones del cáncer que todos podemos aplicar a nuestras vidas.

El día antes de que le amputasen la pierna, Albert celebró una fiesta de despedida en su honor, tal y como le había aconsejado su médico. Invitó a personas relacionadas con ella, como el chico con el que había practicado excursionismo, la niña con la que había hecho piececillos debajo de la mesa del colegio y aquel portero de fútbol al que una vez metió un gol.

“A veces las pérdidas serán pequeñas, otras veces serán grandes, pero si te acostumbras a entenderlas, a enfrentarte a ellas, al final te darás cuenta de que no existen como tal. Cualquier pérdida es una ganancia... Yo gané un muñón”, reflexiona en uno de los capítulos.

El mundo de Albert es del color del sol. No tiene etiquetas ni reglas, y siempre lo hemos tenido delante de nosotros, pero no nos habíamos dado cuenta. En este lugar especial no hace falta que sea tu cumpleaños para pedir un deseo, porque la magia está en el soplo y en la intensidad con la que lo efectuemos. Además, en este universo se puede saber si quieres a alguien solo con cerrar los ojos. Pero ¿sabes qué es lo mejor de todo? Que aquí viven los amarillos.

Los amarillos son “aquellas personas especiales en tu vida que se encuentran entre las amistades y los amores, y a las que no es necesario ver a menudo para mantener el contacto”. La forma de relacionarse con ellos es el cariño y los abrazos. No necesitan que los cuides como si fueran tu pareja o tus amigos. Estuvieron contigo en un momento concreto de tu vida y después siguieron su camino. Algunos pueden durar mucho tiempo y otros, tan solo horas.

Este libro de obligada relectura engancha desde el principio hasta el final y sus efectos positivos perduran en el tiempo. Quién sabe, quizá llegue un día en que todos olvidemos nuestras prisas, penas y preocupaciones, y nos lancemos a descubrir este lugar tan fascinante, el universo que Albert Espinosa ha querido compartir con todos nosotros: el mundo amarillo.